La antorcha olímpica fue un invento del Tercer Reich

Uno de los iconos más importantes de los juegos olímpicos, nunca fue una tradición de la Grecia clásica
Militaria, Jose.GS, 15557 lecturas,
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Si pensamos en los juegos olímpicos, uno de los principales iconos que seguramente nos vendrá a la cabeza, es el atleta portando la antorcha olímpica, corriendo en posición hierática, orgulloso por el honor que se le ha concedido al llevar el fuego sagrado de Zeus, hasta el estadio donde tendrán los eventos deportivos, lugar donde se prenderá una gran pira, encendida en solemne ceremonia con las llamas traídas de Olimpia, transmitiendo así su espíritu a las competiciones.

Y es que por alguna razón, tenemos implantada la idea en nuestras mentes, de que esta es una tradición milenaria iniciada por los antiguos griegos, que repetían cada vez que se celebraba una olimpiada.

Ahora bien, si reflexionamos sobre la historia conocida de los antiguos juegos, caeremos en la cuenta de que tal tradición no tendría mucho sentido durante la época de la Grecia clásica. De hecho sus orígenes son bastante más siniestros.

Los orígenes de los juegos olímpicos en la antigua Grecia

Lo poco que se sabe sobre los orígenes de las olimpiadas es puro folclore mitológico transmitido por historiadores griegos como Pausanias, que vivió en la época de Marco Aurelio, en el año 160dC, casi 1000 años después de que se celebrasen los primeros juegos, según él, en el año 776aC. Pausanias relataba historias de antiguas carreras donde se entremezclaban reyes y personajes mitológicos con los dioses del panteón.

Antorcha olímpica

Lo que sí se sabe es que los juegos, de gran relevancia en la Grecia clásica, se celebraban cada 4 años en la propia ciudad de Olimpia, situada en la península del Peloponeso, en honor al dios Zeus. Por lo que se entiende que de existir originalmente la llama olímpica, el fuego ya estaba allí y no había que llevarlo a ninguna parte con ninguna antorcha.

Las olimpiadas se sucedieron hasta que los emperadores romanos Teodosio II y Honorio las suspendieran en el año 408, que buscando la implantación del cristianismo en el ahora dividido imperio romano occidente-oriente, se dedicaban a clausurar antiguos templos y tradiciones religiosas. De todas formas Olimpia había sido saqueada poco antes, en el año 395 por los godos.

La recuperación de los juegos en la era moderna

Los juegos olímpicos, muy al gusto de la era neoclásica, se intentan rescatar ya desde el siglo XVIII pero en Grecia no se recuperan hasta que el millonario y filántropo Evangelos Zappas esponsoriza unos eventos tras restaurar el estadio Panathinaiko de Atenas, en el año 1859.

En 1890 el barón Pierre de Coubertin impulsa la fundación del Comité Olímpico con la idea de unificar eventos similares que tenían lugar en otros países, como los juegos olímpicos de Wenlock en Inglaterra y así internacionalizar la idea, consiguiendo celebrar la primera edición de las olimpiadas modernas en 1896. En la imagen, el estadio Panathinaiko poco después de ser restaurado;

Antorcha olímpica

Estos juegos, no buscaban recuperar tradiciones antiguas de una forma completamente purista, sino que eran más bien una re-invención en la que se incorporaron deportes y costumbres modernas ya desde un primer momento. No había ni antorchas, ni celebraciones hieráticas, más propias de una película de romanos de mitad del siglo XX… o de la estética del Tercer Reich que rigió la Alemania nazi entre 1933 y 1945.

Se podría decir que todo el ceremonial hierático que ha quedado en las olimpiadas actuales, viene heredado de los juegos celebrados en 1936 en Berlín.

Carl Diem era un antiguo atleta alemán de élite que había participado en las olimpiadas de 1906 de Atenas. Ya desde ese momento había estado trabajando junto a Theodor Lewald, presidente del comité olímpico alemán para llevar los juegos al país germano. Las olimpiadas de Berlín estaban previstas en un primer momento para 1916 pero se cancelan tras estallar la primera guerra mundial. En la imagen de izquierda a derecha, Theodor Lewald, Carl Diem y Pierre de Coubertin;

Antorcha olímpica

Tras el conflicto, Diem, convertido en héroe de guerra, logra en 1932 junto a Lewald que Berlín vuelva a ser designada ciudad olímpica para 1936, gracias a su reputación como deportista y a un arduo trabajo de influencias políticas.

La estética del Tercer Reich

Un año después, en 1933, Hitler asciende al poder y Diem se convierte en secretario de deporte del Tercer Reich, viendo de nuevo peligrar los esfuerzos olímpicos ya que Adolfo no tenía la más mínima intención de celebrarlos, al considerarlos como un asunto de “judíos y francmasones”, por lo que pretendía cancelarlos.

No obstante, Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi, logra hacerle cambiar de parecer, planeando usar los juegos para promocionar el régimen, cosa que por cierto han venido haciendo prácticamente todos los países anfitriones desde entonces de forma sistemática.

Al de seis semanas de alcanzar la cancillería, Hitler informa a Diem que no solo celebrarán los juegos, sino que el estado alemán pagará todas las facturas. Junto a Goebbels, había ideado convertir las olimpiadas en una ceremonia con la que ensalzar todo el ideario nazi, planteando una puesta en escena que impresionase al mundo, acorde a la estética del Reich, que ya había adoptado ornamentaciones imperiales como por ejemplo los estandartes romanos con águilas para encabezar sus unidades militares en los desfiles;

Antorcha olímpica

Durante este periodo, la posición tanto de Diem como de Lewald peligró en varias ocasiones ya que el primero estaba casado con una mujer de orígenes semitas y en el caso de Lewald, era su abuela la que tenía estos mismos orígenes, por lo que se veían obligados a dar coba al partido en el poder. Por otro lado el Comité Olímpico Internacional no tenía claro que el régimen nazi fuese a permitir la participación de deportistas de todas las razas y estuvo a punto de retirar la candidatura de Berlín.

La idea de la antorcha olímpica surge de la mano de Diem y Lewald precisamente como parte del ceremonial que se estaba montando para promocionar el ideario nazi y complacer las expectativas del Fuhrer. Mientras asisten en 1934 a una conferencia del comité olímpico en Atenas, se les ocurre que varios atletas podrían llevar corriendo la antorcha desde Olimpia hasta Berlín, haciendo toda una demostración de poderío, incluso antes de que los juegos empezasen.

Para ello se inventan una ceremonia ritual, sin pies ni cabeza desde el punto de vista histórico, que conmemoraría el “robo del fuego de Zeus por parte de Prometeo”, un hecho que no tenía que ver nada con los juegos olímpicos.

Según la mitología griega, el fuego fue un regalo de Prometeo a la humanidad tras que se lo robase al dios Zeus y al parecer, si que existieron originalmente carreras con antorchas de caracter religioso relacionadas con esta creencia. Una de ellas se haría por relevos durante la fiesta Panathenaia en Atenas, con el objeto de trasladar la llama desde el templo de Prometeo al de Atenea. Pero de haber existido realmente, este hecho no estaría conectado con los juegos.

La antorcha olímpica se enciende por primera vez el 30 de Junio de 1936, en el templo de Hera de Olimpia, en medio de un ritual, igualmente inventado y sin base histórica, más propio de una película de romanos. Durante el mismo, 15 “vírgenes vestales” ataviadas con túnicas y supervisadas por una sumo-sacerdotisa, prenden la llama usando un espejo cóncavo que concentran los rayos del sol sobre ella. En la imagen, recreación posterior de la ceremonia con el espejo, una especie de olla redondeada;

Antorcha olímpica

Después, la antorcha se llevó a la Acrópolis de Atenas donde se efectuó una invocación especial y luego recorrió 3.422 kilómetros a la carrera, portada por más de 3.000 relevos de aspecto ario, el primero, el griego Konstantinos Kondylis. En la imagen, Kondylis saliendo con la antorcha por primera vez y llegada a las calles de Berlín;

Antorcha olímpica

La antorcha tuvo que atravesar Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria y Checoslovaquia, países que serían poco después anexionados al eje o invadidos por el ejército alemán durante la segunda guerra mundial.

El acto y las olimpiadas de Berlín fueron filmadas por la famosa directora de cine Leni Riefenstahl, para mayor deleite de Hitler y Goebbels, dejándo plasmada toda la estética hierática del Reich en dos cintas publicadas en 1938; “Olympia 1 Fest der Völker (Festival de las naciones)” y “Olympia 2 Fest der Schönheit (Festival de la belleza)”;

Antorcha olímpica

Por su parte, las grandes empresas alemanas habían participado en la creación de los efectos especiales; los espejos habían sido construidos por la corporación Zeiss, la antorcha era en realidad un dispositivo relleno de magnesio para evitar que se apagase bajo la lluvia, diseñado por Krupp, uno de los principales fabricantes de municiones alemanes.

La antorcha llega el 1 de Agosto de 1936 al centro de Berlín, donde tiene lugar una masiva ceremonia inaugural en la que se enciende una pira. En la imagen, ignición en Berlín;

Antorcha olímpica

Finalmente, la llama es trasladada al estadio olímpico de Berlín donde de nuevo se celebra otra multitudinaria ceremonia de brazo alzado, donde se encendiende el fuego en la pira en el recinto, presidido por toda la plana mayor del Reich;

Antorcha olímpica